diumenge, 28 d’agost del 2011

hay cosas que me enferman.

por Sharad Haksar
(fotógrago hindú).

ESCENA 2

Al parc. Un home de 40 anys i la seva filla de 16 anys seuen en un banc.

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Des de casa es veu aquesta font. La veiem cada dia. Aquests columpios també. És com si fos el nostre jardí. De fet, ho és. És el nostre parc particular. Tot el que veus és teu.

FILLA
Hauria de ser per mi sola. Tota aquesta gent no m'ha demanat permís per ser-hi. Haurien de pagar. Vull que el meu nom aparegui a totes les coses d'aquest parc. El vull només per a mi i que sigui sempre primavera.

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Això no porta beneficis.

La filla calla.

diumenge, 7 d’agost del 2011

mi amigo Orlando...

Esto es lo que pasa cuando se juntan unos amigos, un aburrimiento y una grave falta de televisión. En definitiva: por aquellas noches en las que, entre todos, construimos monógolos que se creen divertidos.

Bueno, el tema del que os voy a hablar esta noche es… Es sobre mi amigo Orlando. Tenemos muchas cosas en común: nos gusta el circo chino, comer chocolate y limpiar cosas para luego ensuciarlas otra vez. Hay días de mucha suerte, cuando Dios se acuerda de nosotros –gracias señor-, que follamos. No juntos, desde luego, cada uno con quien puede, pero que follamos. Aunque son pocos días, la verdad. Tenemos más cosas en común, pero es que no acabaríamos nunca. A los dos nos gusta el tío del supermercado, que se le ve que es listo y simpaticote; también alto y musculoso, pero eso no tiene nada que ver.

Ahora, hace unas semanas, he vuelto de un viaje con Orlando por África. En la sabana. Aquello es precioso, habréis visto fotos, seguro. Tiene mucha amplitud, y hay árboles y cosas. Precioso, vamos. La putada es que el viaje fue una mierda.

Orlando es un chico muy… peculiar. Íbamos juntos al colegio, y era un desastre con las notas, con las chicas y con todo en general. Bueno, era y es un desastre. Y acabó siendo basurero. Que ya se lo dije yo: mala profesión Orlando, que con lo guarro que eres tú, ensuciarás más que limpiarás. Pues nada, él, basurero: que quería hacer servicios por la comunidad, y no sé qué. Además, que le hacía mucha ilusión tener uno de esos chalecos reflectantes de color naranja, ya sabéis. Luego con los años se cansó y empezó a decir que quería trabajar en un despacho. Vamos, a no dar clavo al agua y cobrar el triple; así que se metió a la universidad. Estaba muy contento, lo tendríais que haber visto, todo el día hablando de sus salidas laborales, de sus futuros sueldos y esas cosas. Este año ha acabado la carrera y sigue siendo basurero, no os digo más. Si es que claro, ya se lo dije yo cuando la empezó: ¿filosofía? ¿Quieres tener salidas y te metes a filosofía? Menuda elección de mierda. Con esa carrera tienes tres salidas, es verdad: por mar, por aire y por tierra.

La cuestión es que nos fuimos a celebrar su graduación a África. Los dos solos, todo muy bonito, todo muy bien. El billete, unos cuatrocientos euros; la maleta, treinta euros; los hoteles, muchos euros más; pero la vergüenza que pasé yo en ese viaje, eso no tiene precio.

Mira, sin ir más lejos: fuimos un día, en un autobús, a dar una vuelta por la sabana, ¿vale? Todos los guiris vestidos de camuflaje. Que es una tontería, pero los guías nos dijeron que mejor ir de camuflaje, y nosotros nos subimos al carro. Claro que luego pensé que sería para que comprásemos el traje en la tienda del hotel, pero en fin, ¿para qué arriesgarse? Bueno, pues Orlando no. Él que no se compraba el traje de camuflaje, que eso valía muchos dineros. Que piensas, pues ya te lo compro yo, Orlando, ya te lo compro yo. Y él que no y que no. ¿Sabéis cómo fue? Con el uniforme de su trabajo. Tú imagínate el panorama: todos con traje de camuflaje y Orlando con tejanos y ese chaleco reflectante horrible. ¿Te lo puedes creer? Increíble. Que el tío decía que así, si se perdía, lo veríamos mejor. ¡Y tan mejor! Hasta el último león de África lo vería, por Dios.

Y claro: nos perdimos. El autobús paró y nos bajamos y eso, para que hiciésemos fotos, supongo. Y claro, Orlando se tomó la misión fotográfica muy en serio, ¿sabes? Y cada vez, lo veía yo, que entraba más y más en la sabana, alejándonos del autobús. Y claro, yo lo seguía, pensaba: ya verás tú como lo pierda, que no conozco a nadie más, y luego quien se lo cuenta a su madre soy yo, ¿sabes? Así que lo seguí. Y acabamos perdiéndonos en medio de la jungla. Imagínate la gracia. Y pensaréis vosotros ahora: ¿y quién os rescató? ¿Los guías? Los guías, los cojones. Estábamos ya perdidos, yo cagada de miedo, y el tío haciendo fotos a todo lo que pillaba. Y ya al final, nos atacó una manada de mosquitos, o vete a saber qué eran, y yo, pues mira, a ver, me tiré al suelo. Así [se gesticula], de cara, ¿sabes? Pensé: tu llevas el traje este de camuflaje, que con lo que te ha costado seguro que funciona, quédate aquí quietecita, y ya verás como pasan de ti. Y el otro dale que te pego a hacer fotos. Que si el zoom, que si el no-zoom; que a ver si pillaba las alas de cerca, me decía. Si ya te digo yo que este chico no es muy listo.

Total, que llegó un hombre, que, cómo os lo digo, ¿sabéis Ecco de Lost?, Pues parecido; llegó y claro, el hombre alucinó. Que debió pensar el pobre: dónde van, dónde van estos dos freaks. Esa en el suelo tirada y el otro con un chaleco reflectante. Acabamos en su casa, que el hombre hablaba el idioma.

No te diré más: yo estaba acojonada, claro. Me levanté del suelo, y pensé: menos mal, ahora este buen hombre nos salvará: nos llevará a su casa y allí no habrá animales ni mosquitos violentos que deseen nuestra muerte. ¡Imagínate mi cara cuando llegamos allí y veo a sus mascotas! No te diré más: tenía a dos leones rondando por el patio. Y al tío se le ocurre decirme que no me preocupe, ¿sabes?, que los tiene bien educados. ¡Dos leones! Casi me muero del susto. De mal en peor, pensé: ya verás tú como lo próximo es el infierno. Desde luego, Orlando disfrutando como un enano. Si es que no tiene cura su enfermedad, te lo digo yo.

De hecho, llegó ya un momento en el que Orlando estaba jugando con los leones mascota de Ecco. Yo estaba ya escéptica total, digo: después de esto, ya puedo morir en paz. Que no sé qué le empezó a hacer al león, imitando a no sé quién, y me dice: mira, ¿sabes qué soy? Digo: sí, gilipollas.

divendres, 5 d’agost del 2011

yo opino que...


YO AMO LA FANTASÍA.

Hace años que lo sé, pero esto va a peor. La fantasía, ese fantástico género literario, digamos: “es considerado de forma popular la última mierda de la literatura” –por decirlo de forma suave.

Bien, no logro entender el por qué. Hay distintos argumentos, cada cual peor que el anterior.

1. Es un género infantil, para niños de diez a doce añitos.

Bien, sí. O no. Depende de que fantasía leas, como pasa con todo lo demás. Si tu cultura sobre este género literario se basa en Eragorn, pues entiendo –y comparto- que no es una lectura recomendable para personas de más de quince años. Ahora, si hablamos de Song of ice and fire… De infantil tiene bien poco. De hecho, es bastante duro de leer –en ocasiones llega a ser incluso desagradable. Habla de una guerra, ¡y por Dios que la describe sin pudor ni censura! Lo mismo pasa con la novela propiamente dicha: si te lees a Émile Zola te recomiendo que te lo leas ya de adulto, ahora, si te lees Manolito Gafotas…

2. Es perder el tiempo, habiendo –como hay- miles de obras maestras de la literatura universal.

Hasta donde yo sé –que, reconozco, no es mucho-, una obra maestra de la literatura es considerada como tal porque o bien marcó una nueva tendencia y rompió con lo anterior, o por similares. Sin contar la magistral forma de juntar palabras que han tenido ciertos genios (y cito a Edgar Allan Poe, al cual adoro). Bueno, esto es un poco extraño, porque Tolkien –su nombre le precede- es alguien que yo considero autor de una obra maestra de la literatura universal. Un hombre que cogió la fantasía anterior, la miró, le escupió en la cara, y creó la Nueva Tierra Media. Tierra Media que, por cierto, todavía hoy, dos siglos más tarde, nos esforzamos en imitar, y cuando nos dicen “Tierra Media” pensamos “elfos”. Sí amigos, esta relación de ideas es Tolkien; no veo por qué deberíamos negar que este señor marcó la literatura, y desde luego también la cultura popular.

3. Hay cosas más buenas para leer.

Desde luego que sí, como las hay de más malas. El caso es que siempre, sea el libro que sea, hay cosas más buenas para leer. Esa es una de las grandezas de este arte: es inagotable –y va a más.

Creo que hay dos formas de vivir la literatura. Una es la forma en cómo lo hace mi compañera de piso –una estudiante universitaria de la carrera Estudios Literarios-: es una amante de la literatura y la estudia. La otra forma, no menos obvia, es la del simple hobbie, y desde luego es también la forma más común. Nunca he entendido –ni lo entiendo ahora, ni lo entenderé nunca- por qué hay ciertas personas que hacen aquello de “leerse obras magistrales de la literatura universal por el simple afán de fardar de ello más tarde”. Creo que la literatura es una forma de disfrutar, no de sufrir para poder cumplir con lo que se debe leer.

Por ejemplo, yo amo Song of Ice and Fire, lo amo, y leyendo los cuatro libracos que ya han salido disfruté cosa bárbara. En cambio, Lolita lo he aparcado en la segunda parte, porque no me gusta. Y diréis: cómo cojones no te va a gustar Lolita, del gran Nabokov, y sí te gusta la mierda esa de los Siete Reinos. Y yo os diré, porque aparte de que a gustos los colores, y toda opinión es respetable en este asunto concreto, yo puedo decir qué me gusta más, porque yo he hecho el esfuerzo de leerme doscientas páginas de Lolita antes de decir “pues no me acaba de”. Yo puedo juzgar entre ambos libros.

Esto, que conste, lo digo sin entrar en el espinoso tema de “Song es más bueno que Lolita”. Nunca he dicho eso, porque no soy quién para juzgar tal cosa –no tengo ni la preparación ni las ganas-, de igual forma que nunca he dicho “Lolita es malo y Nabokov escribe mal”, esta afirmación es harto estúpida. Lolita está muy bien escrito; simplemente, no me engancha, y habiendo –como hay- miles de libros que me van a enganchar, creo que es algo estúpido martirizarme leyéndome Lolita por el simple hecho de poder decir “mira que culta soy que me he leído Lolita”.

(Nabokov: si desde el cielo –o el infierno- lees esto, siento en el alma haberte puesto como ejemplo. Te deseo lo mejor allí donde estés).

Creo, muy sinceramente, que el género fantástico se ha vendido de forma absurda. Ni es infantil, ni es malo, ni muchísimo menos es una pérdida de tiempo –con sus particulares excepciones, desde luego.

Siempre me ha molestado el típico comentario de “¿lees eso? (risas)”, porque lo veo patético y me duele rodearme de gente tan avispada como para soltar tal comentario. Escribo ahora esta entrada en el blog porque estamos viviendo un fenómeno algo paranormal: gente que ve Game of Thrones en el Plus pero en cambio no se lo lee porque menuda estupidez leerte eso, yo prefiero leer la Odisea. Que, recordemos, estos son los mismos culturetas que luego defienden a balazos que ninguna adaptación cinematográfica supera nunca al libro original. Bien, qué añadir.

Queda muy bien de cara al público leer novelas históricas, desde luego que sí, pero la fantasía –y obviamente también la ciencia ficción; de hecho, esta segunda casi más que la propia fantasía- poseen algo que ningún otro género nos puede ofrecer: la perspectiva.

Fantasía significa, simplemente, que sucede en un mundo, o con ciertos personajes o fenómenos, que no existen en el mundo real. Bien, entonces, yo me pregunto –qué cojones, yo afirmo- que gracias a esto puedo leer, y en cierta forma vivir, otros tipos de, por ejemplo, gobierno. No me voy a extender en esto, aunque me parece un tema fascinante, sólo poner un ejemplo: leer un libro sobre un mundo donde lo que entendemos aquí por fascismo es lo normal, es el gobierno actual de x lugar imaginario, me da un perspectiva respecto al fascismo real, al fascismo descendiente de, por ejemplo, Francisco Franco. Y al tener perspectiva, al haber visto como funcionaría –o una de las maneras en las que podría funcionar- puedo formarme argumentos en mi cabeza de por qué no quiero que ese estilo de poder, de gobierno, sea el que rija mi país. Por ejemplo.

“Esto también se logra con las citadas novelas históricas”, diréis, algunos. Sí, lo sé, pero con las novelas históricas este hecho queda limitado a gobiernos (recordemos que lo de “gobiernos” es sólo un ejemplo entre miles) reales, que hayan existido o se hayan estudiado. En la fantasía esto no entiende de límites.

En fin, escribo esto más por cagarme en la madre de que por otra cosa, pero, de verdad, quiero pedir, o esperar, que esta estupidez que reina de “la fantasía no llega a género literario, porque no es literatura”, se borre de vuestras mentes. Entiendo que no te guste –y me da exactamente igual-, pero es que a mí tampoco me gusta Lolita y no digo que “no es literatura”.

¿Sabéis qué?, esto no es sólo por mi queridísima fantasía, esto es en general:

POR FAVOR, NO PREJUZGEIS, CURIOSEAD UN POCO ANTES DE HABLAR (adjunto ejemplo práctico: a) me encantó la serie de game of thrones, b) ¿en serio?, joder, pues léetelos que son buenísimos, a) paso, seguro que son una mierda, b) ¿una mierda? ¿pero te los has leído?, a) no –Vaya por Dios).

dimecres, 20 de juliol del 2011

leer alemán


Salí de mi pueblo con esperanza. Por aquél entonces pensaba que nada iba a poder ser peor que aquello. Hambre. Frío. Tristeza. La Guerra Civil. Viaje de Extremadura a Madrid, donde me subí al tren que me llevaría a Alemania. Sí. Allí podría ganarme bien la vida, y les enviaría dinero a mi familia todos los meses: a cada salario.

Alemania resultó no ser tan paradisíaca. Vivíamos en barracas situadas en el mismo recinto de la fábrica. Era todo demasiado enfocado hacia la producción como para gustarme. Era todo demasiado poco humano.

Fuimos al supermercado –teníamos que comer algo. Ni yo ni ninguno de mis compañeros sabíamos leer alemán. De hecho, a penas podíamos leer, entre todos, alguna cosa en español. Los dibujitos de las latas de comida ya preparada era lo que nos indicaba qué comprar. Vimos una lata con dibujos de trozos de carne. Que apetecible resultaba aquello, y era razonablemente barato comparado con los productos de su alrededor. Lo compramos.

Cuando llegamos, ya de noche, a las barracas para dormir, decidimos abrirlo y cenar. Quiero recordar que no entendíamos el alemán.

-Y nada, así fue como pillé éste cierto gusto por la comida de perro.

l. T. William. 13.04.10

dissabte, 16 de juliol del 2011

"el colmo" -ese fic tan inoportuno.

Remitente: Chelest Firmado [Reporta esto]


Fecha: 17/07/11 - 06:08 am Título: El colmo.

Me rei con varias cosas de las que escribiste, sin embargo este no es el lugar para publicarlo; las reglas de la página no lo permiten, siempre puedes expresar este tipo de opiniones en foros (que hay muchos).

Creo que este comentario resume todo lo que ha sucedido aquí. Sólo quiero añadir un par de cosas (un par que en cuanto empiece a escribirlas, desde luego, se transformarán en más de dos):

1. Pedir disculpas si a alguien le ha parecido ofensivo lo que he escrito. Aunque debo reiterarme en que la intención era de crítica constructiva que, considero, puede ir bien a ciertos (ciertas) autores (autoras), donde, repito, me incluyo. Las críticas son siempre buenas, si no se dicen con la finalidad de amargar al escritor (escritora).

2. Admito que, a pesar de estar al corriente de las normas de Slasheaven, me las he pasado un poco por la punta del Arco Iris, y pido disculpas por ello. No es un sitio para opiniones personales, en eso tenéis toda la razón del mundo.

3. El M-preg. No lo veo algo negativo, ni mucho menos. Sí que me parece inverosímil porque creo que el es magia no lo justifica todo, pero también creo que cada autor (autora) tiene todo el derecho del mundo –incluso el deber- de publicar lo que se le antoje. Al fin y al cabo es su fanfic. Sólo digo que la verosimilitud nunca está de más.

4. Algunos (algunas) me habéis comentado diciéndome que me creo que escribo mejor que el resto. Es mentira. Sé que no es así; hay gente que escribe peor que yo, y gente que escribe mejor.

Sólo añadir una cosita más. Muchos decís pues no te lo leas, porque si el fic es malo se ve en el resumen. Eso ya lo sé, simplemente me pareció que exponer el por qué me parecen malos algunos fics podría servir de ayuda a tales autores. Para crecer en su forma de escribir. No digo que mi opinión sea la válida, tan sólo que a alguien le puede ir bien.

Y a partir de aquí, nada más. Siento las molestias.

L. Timothy William.

dimecres, 13 de juliol del 2011

imagínatelo...




Se trata de imaginar. Imagínate, allí, en el sofá azul, justamente delante de ti, alguna cosa que te parezca muy bonita. Preciosa. Algo realmente bello.

Quiero ver un peluche gigante, papá.

Genial cielo. Y ahora, venga va, haz que se mueva. Que hable. Que te cuente cosas. Seguro que tiene una voz preciosa que te aportará alas y te hará volar hasta dentro de sus recuerdos. Podrás vivir todo aquello que te cuente.

Me ha dicho que ayer le hizo un ramo de flores bien grande a peluche mamá.

Estupendo. Eso es estupendo. ¿Y a qué olían las flores, cariño?

Olían a amor. Imagínate su olor papá; se trata de imaginar…

©TIMOTHY 15.11.2010